Hay muchas cosas que criticar al disco que, lanzado en 1987, representaba el regreso de Pink Floyd después de 4 años durante los cuales lo que se esperaba era el anuncio de la disolución de la banda. La crítica más común, y no es casualidad, la más simplona, era que éste no era un verdadero disco de Pink Floyd al no contar con Roger Waters. En el mismo sentido, y sin necesidad de mencionar a Waters, quien para entonces ya había agotado su talento creativo en 1981, la crítica es muy atendible: después de ser convocado a la producción, Nick Mason tuvo que regresar a tomar clases de batería y sus grabaciones fueron tan malas que no fueron incluidas en la mezcla final, quedando relegado su rol a grabar efectos como los remos en “Signs of Life” o los perros en “Dogs of War” y para cuando Rick Wright regresó a la banda, las partes de teclado ya habían sido casi totalmente grabadas por músicos de sesión. De cualquier forma queda claro que "A momentary lapse of reason" no ...
Música y berrinches